Tristemente, ésta felicidad no duró ni unas cuantas horas. Yo quería celebrar con los pocos amigos que tengo y con mi familia. Pero no pudo ser. Y hasta ahora que escribo esto, no ha podido ser.
Sucedió al día siguiente después de titularme. Me presenté a laborar como cualquier otro día. Era un viernes, lo recuerdo perfectamente. Me sentía extraño. Fui a comer, pero me sentía exageramente cansado. Me dolían los hombros, no tenía ánimo, ni siquiera hambre. No podía concentrarme. Pasaron las horas y la jornada terminó así que regresé a casa cabizbajo sin imaginar lo que nos esperaba.
Después de quitarme los zapatos y ver un poco de televisión, escuché que alguien entró a la casa. Por la hora deduje que era mi cuñada. Comenzó a gritar. No le tomé mucha importancia porque mi hermano y ella discutían a tal grado que se aventaban cosas y se gritaban. Imagino que quizá alguna vez llegaron a los golpes. Ella tocó a mi puerta, pedía que alguien la ayudara. Me asusté. Me crispé. Corrí de inmediato a su recamara y vi algo que me dejo petrificado. Mi hermano Miguel yacía tirado en el piso. Se nos había adelantado en el camino.
Todo fue demasiado rápido, confuso. Llegaron ambulancias, patrullas, bomberos y no sé cuantas personas más. Mis papás no estaban, así que tuve que hacerme cargo. Trataba de hacer lo mejor que podía, pero ver a mis otros hermanos llorar me dejaba pasmado. No sabía qué hacer. Un paramédico me presionaba para pagarle una cantidad y así evitar papeles y trámites pero afortunadamente una vecina me ayudó y me lo quitó de encima.
Llegó mi papá. Después mi mamá. Pedí a unos amigos de ellos y vecinos que los alcanzaran en algún punto intermedio para que los condujieran a casa y no los dejaron solos. La noticia fue devastadora. No permití que ninguno de los dos viera así a mi hermano. Los quería proteger, les quería evitar el dolor. Ningún padre debería de enterrar a su hijo. He comprendido con el tiempo que cuando un hijo pierde a su papá, se le llama huérfano; cuando un esposo o esposa pierde a su pareja, se le llama viudo o viuda... ¿pero qué adjetivo se le pone a los padres que han pérdido a un hijo? La filosofía y la psicología aún no han podido darle una definición porque el dolor es tan inmenso como para poder describirlo.
En esos días yo terminé una relación con una chica de Mexicalí: Sandra. Me llamó. Se enteró de lo acontecido porque mi hermano Uriel publicó en Facebook que Miguel se había ido. Mi cabeza aún seguía llena de confusión. No reaccionaba. No había manera. Por si fuera poco, lo que me dijo Sandra me dejó helado: "Vuelve conmigo, retomemos la relación, puedo apoyarte". ¡¡¡¿¿¿Qué???!!! ¿Acabo de enterrar a mi hermano y tú me pides que regresé contigo? No lo podía creer. Esto era demasiado. ¿Cómo alguien puede ser tan insensible, tan inhumano y tan irrespuetoso por el dolor ajeno? Ésta fue una razón (y la más importante) como para darme cuenta que tomé la mejor decisión para terminar con ella.
Ya no éramos seis hermanos. Somos ahora cinco y con un gran vacío que nunca se llenará. Pero algún día nos volveremos a encontrar. Estoy seguro de ello.
Te extrañamos Miguelito.