lunes, 7 de septiembre de 2015

El comienzo II. Hace ya cuatro años.

Después de dejar la universidad y prácticamente no trabajar, mis papás ya me consideraban un zangano. Nada que no fuera verdad. Pasaba muchísimo tiempo en la computadora: jugando, chateando, diseñando páginas, aprendiendo. Pero tengo que admitirlo: gracias al BBS tuve la oportunidad de conocer a muchas personas, hacer unas muy bellas amistades y sobretodo, viajar a muchos lugares.

Años después, la necesidad hizo que consiguiera un empleo de tiempo completo. Brinqué por varios lugares por aquí y por allá, nada trascendental. Lo único que hacía en esos días era sobrevivir. Últimamente he aprendido algo que me ha hecho reflexionar sobre las cosas que he vivido y he pasado: "todo pasa por algo". Absolutamente todo. Llegué un buen día a un nuevo empleo: una pequeña empresa en donde no se exigía demasiado, sólo saber redactar bien y rápido. Ahí pasé casi dos años, haciendo lo mismo todos los días. Y no era un mal trabajo, no, al contrario. Era superior a todos los lugares en donde había estado. Pero ¿por qué hablo de esto? Simple: gracias a esta empresa y a su director, dueño y fundador, me dieron la oportunidad de estudiar la universidad con beca completa . El único requisito era "sencillo": ser un alumno de excelencia. Y sí, fui un alumno de excelencia.

Esta era mi última oportunidad. No había otra. Era ahora o ahora. Ya no podía decepcionar a nadie más, especialmente a mí. Todavía recuerdo muy bien el día en el que el señor Raúl Ortiz Santoscoy me dijo que me consiguió la beca y que se sentía muy orgulloso de mí porque había tomado la decisión de continuar mis estudios. La escena era inmejorable, sólo había que estudiar cuatro años en lo que más me apasionaba: las computadoras. Elegí la licenciatura en Informática Administrativa. 

Hoy, gracias al señor Raúl, soy licenciado, soy programador y me siento muy orgulloso de ello y por ello. No fue un camino fácil, sobretodo cuando no ha tenido muchas bases y después de no estudiar de manera formal durante varios años, pero ahora que puedo mirar un poco hacía atrás y palpar todo el esfuerzo y sacrificios que hice, no me arrepiento. Al contrario, me gustaría volver a vivirlo. Y donde quiera que se encuentre: ¡muchas pero muchas gracias señor Raúl!

Fue una época muy bonita. Si bien la universidad a la dónde iba no era la gran cosa, me dio las bases para dar el brinco, para entrar a las ligas mayores. Sólo había que hacer un último esfuerzo para obtener la carta de liberación de servicio social y ahorrar para pagar los trámites del título. Gran cosa. Sólo me tardé dos años en hacerlo. Fue más esfuerzo por ahorrar porque mi sueldo no me ayudaba. Pero ya estaba hecho. Un buen día, me mandaron la invitación a casa para que fuera a la entrega. No cabía de felicidad.

Finalmente, después de muchos años de esfuerzo y sacrificio, alcancé mi objetivo. En la familia, ya había un profesionista.

Yo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario