lunes, 7 de septiembre de 2015

El comienzo. Hace ya cuatro años.

Hace cuatro años, más o menos, comenzó todo. Pero quiero remontar el tiempo un poco más. ¡Hay tanto que decir!
 
Aún recuerdo aquellos días cuando iba a la universidad. Yo era el primero de la familia que conseguía tal hazaña. Pero no fue fácil. Tuve que pasar muchas cosas para ello y a pesar de que tuve el privilegio de ser admitido y entrar en la primera opción que había elegido, el tiempo me indicó que ese no era mi camino.

Estudiaba la licenciatura en Quimica Farmaceutica Biologica. Sí, un nombre muy rimbombate. Mi tío Isidoro (que en paz descanse), me hacía burla preguntando que si iba a hacer pastillas para el "chorro". Me molestaba ese tipo de comentarios. Yo creo que era más envidia porque se veía muy lejos que sus dos hijos consiguieran lo que yo conseguí.

Soy el mayor de mis hermanos. Somos una familia grande (desde mi punto de vista) porque éramos seis hermanos. Mi papá hacía muchos esfuerzos y sacrificios para darme un poco de dinero para acudir a la universidad (cosa que le estaré eternamente agradecido) y para ayudarle tuve que encontrar un trabajo de medio tiempo que al paso de los días se convirtió en tiempo completo. Si sumanos mis dos actividades principales más las tareas cotidianas que un universitario tiene que hacer, más algunos extras y los problemas y fricciones que tenía con mi mamá en esos días, pues no salen las cuentas porque prácticamente sólo dormía cuando tomaba el transporte público. Yo catalogo esa época como la más negra de mi vida.

Debo señalar que antes de la universidad, también laboraba y estudiaba. Mi papá pudo conseguirme un lugar en donde él trabajaba. Iba sólo de jueves a sábado. Yo era lavaplatos en un bar en el centro de la ciudad y mi turno era de 8 pm hasta que saliera el último cliente. No me iba bien, pero tampoco mal. Obtenía lo suficiente para solventar mis gastos personales y darme algún gustillo de vez en cuando. Lo mejor era que me permitía ir al bachillerato sin descuidar demasiado mis calificaciones.

Pero volvamos a la universidad. Con el paso de los días, noté que pasaba más tiempo en la sala de cómputo que en los libros de química. No me había dado cuenta que había algo muy particular en esto: en la secundaria (que fue cuando tuve mi primer contacto con una computadora) aprendía muy fácilmente todas las actividades relacionadas a este dispositivo. Y en esos días, fui un asiduo autodidacta. Nunca tomé clases de computación, todo se me daba natural: click aqui, click allá, cortar, pegar, etc. En esos días aún no existía messenger, skype o cosas similares. Sólo había algo que se llamaba BBS (Billboard Bolletin System) y lo descubrí cuando vi utilizar a varias personas una aplicación que era de fondo negro con unas letras grises. Como fui huraño por excelencia desde mi infancia, el acercarme a uno de esos usuarios para preguntar sobre este nuevo descubrimiento era imposible para mí, por lo que de nuevo, la observación fue la clave de todo.

Ese BBS era un chat, el abuelo del messenger y era fabuloso. Podías escribirte con una persona que estaba a cientos o miles de kilómetros en tiempo real, además había infinidad de foros de los más variados temas. Era una fuente riquísima de conocimiento y no pasó desapercibido por mí. Era tanto mi afán por seguir en contacto por ese medio con otras personas que muchas veces no fui a clases, además que me escabullí en otras instituciones para poder conectarme a este nuevo mundo. Gracias a esto, me di cuenta que la Química no era lo mío además que no tomar catedra cobró su factura. En los exámenes no sabía que responder, veía las preguntas y era como si leyera letras chinas o japonesas, había formulas que no sabía para qué eran ni para qué servían. Conforme pasaban los días, en mi cabeza sólo existía un pensamiento: volver a conectarme al BBS. Ya en este punto, sabía más de computadoras que de la ley del octeto. Y sí. No pude más. Renuncié. Así como Steve Jobs lo hizo en su juventud, así lo hice yo. No había marcha atrás. Me dio miedo, sobretodo por lo que iban a decir mis padres pero lo hice. Su hijo, el primero que había conseguir llegar a la universidad, desertó.
 
Me sumí en una profunda depresión. No salía de casa, no hablaba con nadie, no me aseaba. No hacía absolutamente nada. Sólo ver televisión. Me sentía derrotado, frustrado, acabado. Fue otro duro golpe en mi vida.

No recuerdo como fue que mi papá, con mucho pero mucho esfuerzo, pudo comprarme mi primer computadora. ¡Era una Pentium III, con Windows 98 y 80 gb de disco duro! ¡Toda una belleza!. Con ella desde mi casa, pude conectarme a diestra y siniestra al BBS y a internet por medio de una DSL. Pero no todo fue el chat. Aprendí de manera casi natural a hacer páginas web. El único maestro que tuve fueron las largas horas de desvelo y los cientos o quizá miles de tutoriales que leí, además empecé a reparar pc's (ya se imaginarán qué computadora era mi laboratorio)..

Renací. Definitivamente esto era lo mío.

No hay comentarios:

Publicar un comentario